La primera expansión
I. Primera vertiente: la expansión geopolítica
La primera vertiente se enunció en febrero de 1992 en las directrices de política de defensa de Paul Wolfowitz para los Estados Unidos, sólo unos meses después de la disolución de la Unión Soviética. La gran estrategia imperial adoptada en ese momento, y seguida desde entonces, tenía que ver con el avance geopolítico de los Estados Unidos hacia el territorio de la antigua URSS, así como hacia lo que había sido la esfera de influencia soviética. La idea era evitar que Rusia resurgiera como una gran potencia. Este proceso de expansión geopolítica de los Estados Unidos y la OTAN comenzó de inmediato, y ha sido visible en todas las guerras que han tenido lugar en las últimas tres décadas de los Estados Unidos y la OTAN en Asia, África y Europa. La guerra de la OTAN en Yugoslavia en la década de los noventa fue particularmente importante en este sentido. Incluso mientras se producía el desmembramiento de Yugoslavia, los Estados Unidos comenzaron el proceso de ampliación de la OTAN, al moverla cada vez más hacia el este a fin de abarcar todos los países del antiguo Pacto de Varsovia, así como partes de la antigua URSS. En su campaña electoral de 1996, Bill Clinton hizo de la ampliación de la OTAN parte de su plataforma. Washington comenzó a implementar tal estrategia en 1997; al final había agregado 15 países a la OTAN, con lo que duplicó su tamaño y creó una Alianza Atlántica de 30 naciones que tenían a Rusia como blanco principal, al mismo tiempo que se le dio a la OTAN un papel global más intervencionista, como en Yugoslavia, Siria y Libia.
Sin embargo, el objetivo era Ucrania. Zbigniew Brzezinski, quien fue el estratega más importante de todo esto y había sido asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter, dijo en su Gran Tablero Mundial de 1997 que Ucrania era el “pivote geopolítico”, particularmente en Occidente; que si se incorporara a la OTAN y estuviera bajo el control occidental debilitaría tanto a Rusia que podría mantenerla atada, si no es que llevaría a su desmembramiento. Éste ha sido el objetivo desde el principio, y los planificadores estratégicos de los Estados Unidos, los funcionarios de Washington, junto con los aliados de la OTAN habían declarado una y otra vez que querían que Ucrania formara parte de la OTAN. Este organismo hizo oficial tal objetivo en 2008. Hace sólo unos meses, en noviembre de 2021, en el nuevo estatuto estratégico entre el gobierno de Biden en Washington y el gobierno de Zelensky en Kiev, se acordó que el objetivo inmediato era incorporar a Ucrania a la OTAN. Ésta también ha sido la política de la OTAN desde hace mucho tiempo. Los Estados Unidos en los últimos meses de 2021 y principios de 2022 se movilizaron muy rápido para militarizar Ucrania y consumarlo como un hecho.
La idea, articulada por Brzezinski y otros, era que una vez que Ucrania estuviera asegurada como parte de la OTAN, Rusia sería vencida; la proximidad de Moscú con Ucrania como la trigésima primera nación en la alianza de la OTAN le daría a la organización una frontera de cerca de 1 900 kilómetros con Rusia, el mismo camino por el que los ejércitos de Hitler habían invadido la Unión Soviética, pero en este caso Rusia se enfrentaría a la mayor alianza nuclear del mundo. Ello cambiaría todo el mapa geopolítico y daría a Occidente el control de Eurasia, al oeste de China.
Es importante saber cómo se desarrolló todo esto en la práctica. La guerra proxy comenzó en 2014 cuando sucedió el golpe de Estado de Maidan en Ucrania, diseñado por los Estados Unidos; se destituyó al presidente elegido democráticamente y se dejó a los ultranacionalistas tomar el control de gran parte del país. El resultado inmediato fue que Ucrania comenzó a dividirse. Crimea había sido un Estado independiente y autónomo desde 1991 y hasta 1995. Ese año Ucrania anuló ilegalmente la Constitución de Crimea y la anexó en contra de su voluntad. El pueblo de Crimea no se consideraba a sí mismo parte de Ucrania, y en su mayoría hablaba ruso y tenía profundas conexiones culturales con Rusia. Cuando ocurrió el golpe, con los ultranacionalistas ucranianos en el poder, la población de Crimea buscó una salida. Rusia les dio la oportunidad de quedarse en Ucrania o unirse a Rusia mediante un referéndum. Eligieron unirse a Rusia. Sin embargo, en el este de Ucrania la población principalmente rusa fue objeto de represión por parte de las fuerzas ultranacionalistas y neonazis de Kiev. Iniciaron la rusofobia y la represión extrema de las poblaciones de habla rusa en el este, con el infame caso de los neonazis asociados con el Batallón Azov que hicieron estallar a 40 personas en un edificio público. Originalmente hubo una serie de repúblicas separatistas; dos sobrevivieron en la región de Donbass, con poblaciones dominantes de habla rusa: las repúblicas de Luhansk y Donetsk.
Así surgió una guerra civil en Ucrania, entre Kiev en el oeste y Donbass en el este. También fue una guerra subsidiaria, con el apoyo de los Estados Unidos y la OTAN a Kiev, y de Rusia a Donbass. La guerra civil comenzó justo después del golpe de Estado, cuando se prohibió el idioma ruso: las personas podían ser multadas por hablar ruso en una tienda. Fue un ataque a la lengua y la cultura rusas, así como una represión violenta de las poblaciones en las partes orientales de Ucrania.
Al principio, se perdieron alrededor de 14 000 vidas en la guerra civil. Estas bajas se produjeron en el este del país, mientras alrededor de 2.5 millones de refugiados llegaron a Rusia. Los Acuerdos de Minsk de 2014 y 2015 consiguieron un alto el fuego, con la mediación de Francia y Alemania, y el apoyo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En estos acuerdos las repúblicas de Lugansk y Donetsk obtuvieron autonomía dentro de Ucrania. Pero Kiev rompió los acuerdos de Minsk una y otra vez, y siguió atacando las repúblicas disidentes en Donbass, aunque a menor escala, a la vez que los Estados Unidos continuaron la provisión de armas y el entrenamiento militar redoblados.
Washington brindó un fuerte apoyo militar a Kiev entre 1991 y 2021. La ayuda militar directa desde los Estados Unidos fue de 3 800 millones de dólares entre 1991 y 2014; de 2014 a 2021 fue de 2 400 millones de dólares; aumentó y finalmente se disparó una vez que Joe Biden asumió la presidencia en Washington. Los Estados Unidos estaban militarizando Ucrania muy rápido. El Reino Unido y Canadá entrenaron a alrededor de 50 000 soldados ucranianos, sin contar los entrenados por los Estados Unidos. De hecho, la CIA preparó al Batallón Azov y a los paramilitares de derecha. Todo ello apuntaba la mira hacia Rusia.
Los rusos estaban particularmente preocupados por el aspecto nuclear, ya que la OTAN es una alianza nuclear, y si Ucrania fuera incluida en la OTAN y se colocaran misiles en Ucrania, un ataque de esta naturaleza podría ocurrir antes de que el Kremlin tuviera tiempo de responder. Ya existen instalaciones de defensa antimisiles balísticos en Polonia y Rumania, cruciales como armas de contrafuerza en un primer ataque de la OTAN. Es importante entender que los sistemas de defensa antimisiles Aegis colocados allí también son capaces de lanzar misiles ofensivos nucleares. Todo esto influyó en que Rusia interviniera en la guerra civil ucraniana. En febrero de 2022 Kiev estaba preparando una gran ofensiva, con 130 000 soldados en las fronteras de Donbass en el este y el sur, que disparaban contra la región, con el apoyo continuo de los Estados Unidos y la OTAN. Esto cruzó los límites claramente definidos de Moscú. Como respuesta, Rusia primero declaró que los Acuerdos de Minsk habían fracasado y que las repúblicas de Donbass debían considerarse Estados independientes y autónomos. Luego intervino en la guerra civil ucraniana del lado de Donbass, en línea con lo que consideraba su propia defensa nacional.
El resultado es una guerra proxy entre los Estados Unidos, junto con la OTAN, y Rusia que se libra en Ucrania, la cual se desarrolló a partir de una guerra civil en la propia Ucrania que, a su vez, inició por un golpe de Estado orquestado por los Estados Unidos. A diferencia de otras guerras proxy entre Estados capitalistas, está ocurriendo en las fronteras de una de las grandes potencias nucleares y es provocada por la gran estrategia imperial de largo aliento en Washington, destinada a capturar Ucrania para la OTAN con el fin de destruir Rusia como un gran poder y establecer, como dijo Brzezinski, la supremacía de los Estados Unidos sobre el mundo. Obviamente, esta guerra proxy en particular conlleva graves peligros a niveles no vistos desde la crisis de los misiles en Cuba. Tras la ofensiva rusa, Francia declaró que la OTAN era una potencia nuclear e inmediatamente después, el 27 de febrero, los rusos pusieron en alerta máxima a sus fuerzas nucleares.
Otra cosa que hay que entender sobre la guerra subsidiaria es que los rusos han estado tratando de evitar bajas civiles con un éxito considerable. Las poblaciones de Rusia y Ucrania están entretejidas, y Moscú ha intentado disminuir las bajas civiles. Cifras en el ejército estadunidense y en los ejércitos europeos indican que las bajas civiles son notablemente menores en comparación con el estándar de las guerras del país norteamericano. Un indicio de esto es que las bajas militares de las tropas rusas son mayores que las bajas civiles de los ucranianos, que es el revés de la forma en que funciona la guerra estadunidense. Si se observa la manera en que los Estados Unidos pelean una guerra, como en Irak, atacan las instalaciones eléctricas y de agua y toda la infraestructura civil con el propósito de crear discordias entre la población y una revuelta en contra del gobierno. Atacar la infraestructura civil naturalmente aumenta las bajas civiles, como en Irak, donde la invasión estadunidense provocó cientos de miles de muertos. Rusia, por el contrario, no ha buscado destruir la infraestructura civil, lo que sería fácil para sus fuerzas. Incluso en medio de la guerra sigue vendiendo gas natural a Kiev y cumpliendo con sus contratos; no ha destruido el internet en Ucrania.
Rusia intervino principalmente con el propósito de liberar Donbass, gran parte de la cual estaba ocupada por las fuerzas de Kiev. Una prioridad ha sido obtener el control de Mariupol, el principal puerto ucraniano, lo que haría viable la liberación de Donbass. Mariupol había sido ocupado por el batallón neonazi Azov. Este batallón ahora controla menos de 20% de la ciudad. Se esconde en los viejos búnkeres soviéticos en una parte de la urbe. La Milicia Popular de Donetsk y los rusos controlan el resto. Hay alrededor de 100 000 fuerzas paramilitares en Ucrania. La mayoría de éstas se encuentra dentro de las fuerzas ucranianas, que constituían la mayor parte de las 130 000 tropas que rodeaban Donbass, y ha sido aislada por el ejército ruso. Además de obtener el control de Donbass junto con las milicias populares, Moscú busca obligar a Ucrania a desmilitarizarse y aceptar un estatus neutral, mientras permanezca fuera de la OTAN.
Si se analiza la situación desde el punto de vista de los acuerdos de paz (el Global Times publicó un buen informe al respecto el 31 de marzo), puede apreciarse de qué se trata la guerra. Kiev ha aceptado provisionalmente la neutralidad, que será supervisada por ciertos garantes de Occidente, como Canadá. No obstante, el punto conflictivo en las negociaciones es lo que Kiev llama “soberanía”. Eso se trata por completo de Donbass y la guerra civil. Ucrania insiste en que Donbass es parte de su territorio soberano, independientemente de los deseos de la población en las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk. La gente de las repúblicas de Donbass y los rusos no pueden aceptar esto. De hecho, las milicias populares y los rusos todavía están trabajando para liberar partes de Donbass que están ocupadas por estas fuerzas paramilitares. Es ahí donde radica el principal problema de las negociaciones, y esto se remonta a la realidad de la guerra civil en Ucrania. El papel de los Estados Unidos en esto ha sido el de arruinar las negociaciones
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